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Jacob Miller sobrevivió durante tres décadas con una bala en su cabeza.

| Varios | 21 septiembre, 2015

 

Jacob Miller sobrevivió durante tres décadas con una bala en su cabeza. Jacob Miller sobrevivió durante tres décadas con una bala en su cabeza.

Jacob Miller, soldado unionista del Noveno Regimiento de Infantería de Indiana, recibió un balazo en la cabeza el 19 de septiembre de 1863 en una de las batallas más sangrientas de la guerra Civil Americana, la batalla de Chickmauga. La herida tenía tan mala pinta que sus compañeros lo dieron por muerto abandonándolo en el campo de batalla.

El propio Jacob Miller relataría años después la experiencia vivida aquel día:

“Cuando recobré el sentido me di cuenta que me encontraba en la retaguardia de las tropas confederadas. Con la ayuda de mi fusil a modo de bastón, pude desplazarme paralelamentea la línea de la batalla. Mi idea era que mientras pudiese arrastrar un pie tras otro, no iban a cogerme prisionero. Supongo que estaba tan cubierto de sangre que los soldados confederados que me crucé no se dieron cuenta que yo era yanki.

batalla de Chickmauga

La batalla de Chickmauga supuso la derrota más significativa de los Unionistas en el teatro occidental de la Guerra Civil Americana provocando el segundo mayor número de víctimas de la contienda después de la batalla de Gettysburg.

En esos momentos mi cabeza estaba tan hinchada que para poder ver tenía que levantarme los parpados con la ayuda de mis manos. Quería llegar al hospital de campaña pero estaba tan agotado que me tumbé al lado de la carretera con la suerte de que unos porteadores me pusieron en una camilla y me llevaron al sanatorio dejándome en el suelo de una tienda de campaña.

Una enfermera se acercó, me puso una venda mojada alrededor de la cabeza y me dio una cantimplora con agua. No sé en que momento me llevaron a la mesa de operaciones pero los cirujanos, al examinar mi herida, decidieron que era mejor no operarme, que no viviría mucho más tiempo, así que la enfermera me llevó de vuelta a la tienda.

Pude dormir un poco durante la noche. A la mañana siguiente el personal sanitario hizo una lista con los heridos para llevárselos a Chattanooga pero de nuevo dijeron que yo estaba tan mal que era mejor no moverme afirmando que si la posición caía por completo, harían un intercambio de prisioneros con los hombres que dejaban allí.

Lo último que yo quería era caer prisionero así que aprovechando el ruido de los cañones y la fusilería salí de la tienda sin que se dieran cuenta. Me abrí paso por un camino lo mejor que pude y no pasó mucho tiempo hasta que una de las ambulancias pasó a mi lado y me recogió.

ambulancia Guerra civil americana

No recuerdo nada más hasta lunes 21 ya en Chattanooga, Tennessee. Acostado con otros cientos de heridos en el suelo, entre las voces y gemidos pude oir la voz de dos soldados de mi unidad. Se acercaron a donde yo estaba sin poder creer que estuviese allí mientras afirmaban que me habían dado por muerto.

Después de pasar por Nashville me llevaron a Louisville y de ahí a New Albany, Indiana. En todos los hospitales que estuve le pedí a los cirujanos que me operaran, pero todos ellos se negaron hasta que nueve meses después, los Doctores Fitch y Colman operaron mi herida extrayéndome un trozo de proyectil de mosquete de mi cabeza. El resto seguía dentro hasta que treinta años más tarde salieron por si solos dos trozos mas de plomo”.

El de Miller no es un caso único, a lo largo del tiempo han tenido lugar sucesos similares en los que los protagonistas han vivido para contarlo como es el caso de Jim Saunders, un hombre que vive en el Reino Unido cuya esposa le disparó en la cabeza a quemarropa mientras dormía. Él también sobrevivió, pero al igual que el protagonista de esta nota, se ha pasado toda la vida con una bala calibre .25 ACP alojada en su cerebro.

Más reciente es el caso de Gabrielle Giffords, una congresista demócrata que logró sobrevivir después de ser tiroteada en la cabeza por un individuo durante un acto público en Tucson. En el caso de Giffords, el proyectil entró por la parte posterior del cráneo y salió por la parte frontal por lo tanto, la bala no quedó incrustada en el cerebro.

No todos los afectados por un impacto de bala en la cabeza tienen tanta suerte como Jacob Miller, la congresista Giffords o el británico Jim Saunders. Una herida por proyectil de arma de fuego en la cabeza es algo tan grave que la gran mayoría de los afectados muere. Un 80% de los casos no logran sobrevivir y del 20 por ciento restante que llegan vivos al hospital tendrá secuelas neurológicas o morirá a las pocas horas, solamente unos pocos podrán recuperar su vida normal.

radiografía disparo en la cabezaEl diagnóstico de una persona con este tipo de traumatismo es un reto para los cirujanos ya que depende de dónde esté localizada la bala y de cuáles sean las zonas que se dañaron en el cerebro.

Sobre este tema, el neurocirujano Herrera Gómez, comenta lo siguiente respecto al cuadro clínico de los pacientes que sufren este tipo de lesiones:

“El cuadro clínico necesariamente tendrá relación con el lugar dónde quedó alojada finalmente la bala, como de extenso fue el daño y a qué áreas afecta la lesión”

Hay personas que pueden ser o no operadas. Esto depende de la ubicación de la bala y los efectos que ésta pueda causar dentro del organismo. Pero aunque se haga una cirugía, no siempre se extrae el proyectil del cuerpo, qué podría permanecer dentro del cerebro sin grandes complicaciones.

“La bala no importa, importa el daño. La bala se va moviendo y se va acomodando por la gravedad”

Cabe mencionar que lo único que preocupa a los médicos es cuidar y tratar de reparar el daño que el proyectil causó dentro del cerebro. Después de ser operados, los pacientes pasan a terapia intensiva y se mantienen bajo una sedación profunda, lo que les evita tener el mínimo estímulo externo. Esta sedación se hace para el cuidado del cerebro, ya que por la misma lesión está inflamado y se puede agravar a partir de una simple tos.

El paciente empieza a despertar de la sedación profunda después de las 72 horas, sin embargo, no es hasta los cinco días cuando los doctores empiezan a valorar al paciente y a determinar el diagnóstico del mismo ya que el chequeo se tiene que hacer cuando la persona se encuentra totalmente despierta para ver si los daños pueden ser reversibles o no.

 

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