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Una montería redonda

| Caza | 27 julio, 2016

 

Una montería redonda jabalíUna montería redonda en la Cruz del madroño, mancha del Espartero. Curro Spínola y un servidor habíamos acordado en aquella ocasión compartir puesto y mi ánimo no pasaba, de momento, más que de echar un buen rato en tan grata compañía. Luego pesaron dos factores: Sacamos un buen paso, y la mancha estaba atestada de cochinos.

El puesto en cuestión, el 4 del cierre de la Cruz de Paquito Martínez, era perfecto en distancia de tiro y agarre de monte para los jabalíes, lo que nos hizo concebir ciertas esperanzas de disparar aunque la finca no era por entonces ninguna virguería. Pero el caso fue que nada más soltar comenzaron a oírse tiros por todos los lados, sobre todo por debajo de nosotros.

montería Entonces, y dadas las circunstancias, empezamos a tomamos en serio aquel “cachondeillo”. En la junta habíamos echado la moneda al aire y me tocó a mí tirar primero -dentro de lo que permiten los cochinos, pues se sobreentiende que si el otro ve la oportunidad de disparar con garantías, el primero no ha de molestarse-, por lo que estaba más que pendiente a los acontecimientos. Sin embargo, cuando quise darme cuenta, tenía una marrana grandota parada en unas lastras con sólo unos espartos tapándola, ¡y a sólo treinta metros! Cómo llegó hasta allí sin que la oyéramos sigue siendo inexplicable para mí. Sólo le puse la cruz en el codillo, tiré de gatillo y calló redonda.

- ¡Bien empezamos! me dije. “¡Y facilito!

- ¡Bien matada, Lolo! -exclamó Curro.

- Venga, que te toca y esto está que arde.

 

Más lances

Pasarían como diez minutos y una ladra avisaba de que algo se nos acercaba. Pronto oímos el romper del monte y saltó otra “animalita” del estilo de la mía, pero más baja, lejos y a carajo sacado. Curro la puso a rodar de un magnífico balazo de su Mannlicher .300 WM.

- ¡Joer, qué tiro, Curro!

- ¡Toma nota! -me replica el muy cachondo.

- ¡Como entre otra te vas a en-terar, Buffalo Bill!, le contesté exultante.

Como la montería no hay nada para sacarte el corazón por la boca

Otros diez minutos y un tarameo anuncia la entrada de otro cochino, éste faldeado de abajo arriba. Me entró a “cascaporro” y lo pude tirar mucho antes, pero como ya no lo salvaba ni la Santísima Virgen, esperé el momento propicio recreándome en tan bella estampa. Al final se paró entre unas chaparreras y los 150 grains de la RWS H Mantel del Brno .270 la dejó en el sitio.

- ¡Coño, Curro, qué media hora!, ¿entrarán más? -le dije nerviosito y sobreexcitado.

- ¡Joer!, en este plan, ¿quién sabe? ¡A mí me va a dar algo!

Y todo esto nos pasaba a dos monteros con muchísimos tiros encima. Y es que como la montería no hay nada para sacarte el corazón por la boca. Terminó aquello y no tiramos más, pero hasta que nos levantaron del paso seguimos en tensión y lo pasamos de putísima madre.

jabalies abatidos en montería

Un truco que muchos desconocen

Días como éste, donde confluyen varias circunstancias como lo inesperado de los lances y el buen rollo entre amigos, son los que convierten una montería normal en una especial e inolvidable. Si aquel día llega a haber un capitán de montería competente y saca los perros del monte, dejando las posturas en su sitio dos o tres horas más, se mata el doble de cochinos, pues es bien sabido que los jabalíes que se han quedado maroteados en la mancha, empiezan a salirse solitos cuando creen que todo ha terminado y no queda un perro ni un perrero en lo espeso.

Los jabalíes que se han quedado maroteados en la mancha, empiezan a salirse solitos cuando creen que todo ha terminado.

jabali que se quedo en la manchaEs al cabo de un buen rato cuando comienza un continuo chorreo de tiros que no para mientras haya tíos en sus puestos y sólo se levantan los monteros porque se echa la noche encima. Viví una de éstas en La Umbría del Gato allá por los años setenta, donde dada la certeza de que estaba sopada la mancha de cochinos, Antonio García-Arévalo, más conocido por entonces como “El Primoroso” el organizador, dictó estas instrucciones. Yo iba con la escopeta y recuerdo que mi tío Andrés, al que acompañaba, tiró un cochino enorme durante la montería y luego, tras un buen rato y en absoluto silencio que se nos pidió, cobró dos marranos más, como casi todo el mundo.

Diego Canals, compañero de clase entonces y amigo aún, puede dar fe de lo que digo, pues él cazó un marrano con la escopeta del 20 que llevaba. Lástima que los que cobró mi tío entraran largos y no los pudiera tirar yo con la escopeta. Pero claro, aquéllos eran otros tiempos… Se cobraron, en lo abierto entonces, más de un ciento de jabalíes y un buen puñado de venados, algunos muy buenos. Una pena no tener fotos de aquello. Me parece que ya está todo dicho, pero por si acaso alguien no ha cogido los últimos comentarios expuestos, he de decir que “la paciencia es la madre de todas las ciencias”.

Texto: Lolomialdea

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