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Uno de los protagonistas de “En la línea de fuego” nos habla sobre el libro.

| Varios | 24 agosto, 2014

 

PolicíaDicen que cuando se lee un libro hay que hacer una crítica del mismo, es decir, una valoración generalizada sobre lo que te transmite su lectura. Este libro para mí, es un grito silencioso y verdadero de lo que ocurre a diario en la calle, un libro especial. Pero el texto que vais a leer a continuación no lo firma ningún crítico literario, esta vez el autor del comentario es uno de los protagonistas del libro, uno de los policías que le toco vivir la dura realidad que supone verse involucrado en un enfrentamiento armado.

Matizar desde ya, y de antemano, que esta es mi propia valoración, opinión que no tiene por qué coincidir con la de otras personas, o quizás sí. Pero al fin y al cabo, eso es lo menos importante ya que el hecho de expresar una opinión en sí mismo es algo valorable en todos los aspectos.

Portada del libro "En la linea de fuego: realidad de los enfrentaminetos armados"Los autores del libro son Ernesto Pérez Vera y Fernando Pérez Pacho. Ernesto es expolicía local de La Línea de la Concepción, un agente que destacó en el desempeño de sus obligaciones mientras ejerció su profesión. Tal fue su entrega que resultó víctima de una brutal agresión de la que derivarían, finalmente, las secuelas físicas que propiciaron una prematura jubilación forzosa. Es autor de numerosas publicaciones de interés policial. Ejerce como instructor de tiro, destacando por sus conocimientos en balística y cartuchería. Colabora con diferentes medios especializados escritos, tanto on-line como impresos. En sus artículos trata temas tan importantes como la fisiología del combate o la legislación específica en las labores policiales, siendo un avezado estudioso de las reacciones psicofísicas del policía ante el peligro.

Ernesto tuvo conocimiento de mi incidente por televisión justo el mismo día en que lo operaron por primera vez de sus lesiones, ese día se propuso llegar a mí y con el tiempo he acabado siendo uno de los protagonistas de su libro. El otro autor, Fernando Pérez Pacho, es psicólogo clínico y ha trabajado durante más de 30 años formando a policías para intervenir en situaciones de crisis y emergencia, llegando a ser el jefe del Servicio de Salud Mental de Menorca.

Con estos dos grandes se podría decir que el libro es, sin duda, de obligada lectura para quienes estamos inmersos, al fin y al cabo, en una corriente policial que va en aumento y en la que aprender es, como nadie podrá contradecir, la mejor inversión de futuro.

El libro tiene unos protagonistas que lo hacen aún más interesante. Se trata de agentes, públicos y privados, que como yo se han visto completamente inmersos en cada una de las 22 historias. Algo muy relevante que nunca antes se había dado en España. La obra, con tinta y papel, pone voz a quienes, de una u otra manera, hemos estado en la delgada línea que separa la vida y la muerte. Casos como el mío, que sobreviví a dos impactos de bala realizados a unos tres metros de distancia, jugando un papel fundamental mi chaleco antibalas, esa bendita prenda que me dio la oportunidad de abatir mortalmente a quien quiso quitarme la vida.

A través de la lectura de estos relatos se te brindará el privilegio de poder conocer, sin fisuras, la realidad vivida en tan angustiosos momentos. Aquí no hay terceras personas de por medio, somos los propios protagonistas los que hemos contado nuestra realidad a los autores.

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Algunos de mis compañeros resultaron heridos de gravedad, otros presentaron lesiones menores y algunos incluso regresamos ilesos a nuestras casas. Pero lo más interesante es que cada una de las historias narradas han tenido después una valoración exhaustiva por parte de Ernesto, en calidad de instructor, donde, sin ánimo de estar a un lado u otro, ha realizado un análisis constructivo de todos y cada uno de los casos, ayudando a comprender y entender todavía más todo lo acontecido dentro de cada capítulo.

A lo largo del texto también se da a conocer un aspecto positivo que se echaba de menos en lo concerniente a los cambios psicofisiológicos, que sufrimos las victimas de cada una de las historias que conforman la obra. Esta guinda al pastel la pone Fernando, todo un experto y estudioso en el campo de las reacciones en enfrentamientos armados, que con su visión profesional, docta y científica, finaliza cada capítulo del libro.

El autor de esta nota inmerso en la lectura del libro.

El autor de esta nota inmerso en la lectura del libro.

Respecto a la lectura, debo decir que es un libro abierto y apto para personas de diferentes ámbitos. Profesionales o legos conectados de alguna manera al mundo de la seguridad, como pudieran ser jueces, abogados, policías, peritos en el uso de la fuerza, siendo adecuado para todo aquel que desempeña sus funciones en el área de la formación, ya sea en el sector público o en el privado, es decir, para instructores que quizás andan un poco desorientados. Con este trabajo se puede ir al grano, dando importancia a cada una de las facetas existentes dentro del mundo de la formación, para lograr un objetivo común: intentar acercarse a la instrucción más adecuada que sirva para salvar vidas, sobre todo incidiendo mucho en las tácticas a seguir.

Las páginas de En la línea de fuego nos describen qué puede y qué no puede hacerse en determinadas situaciones de estrés. Pero es un libro que incluso podría ser leído por personas ajenas al mundo de la seguridad, ya que les acercará de una manera muy real a lo que es en sí el trabajo policial, donde existen riesgos que no suelen ser tenidos en cuenta por buena parte de la sociedad y que quedan muy lejos de esos falsos ideales creados en las pantallas de televisión sobre nuestro trabajo.

En su redacción no se utilizan palabras demasiado técnicas, espesas o de complicada asimilación por personas no entendidas. Por ello podemos decir que está contado para la persona de a pie, eso sí con una profesionalidad inmaculada por parte de los autores.

No es un texto que me haya invitado a devorarlo de un tirón. Como el buen vino, este libro hay que leerlo sorbo a sorbo. Dado que existen dos visiones técnicas, la del instructor y la del psicólogo, En la línea de fuego invita a la reflexión. De este modo cada una de las historias se vuelve más intensa, pudiendo luego dar rienda suelta a la imaginación y situarse en las escenas donde ocurrió lo que acabamos de leer.

Resaltar que de todas y cada una de las historias se sacan conclusiones positivas y constructivas de cara al trabajo diario. Algunas tan desgarradoras que te hacen meterte todavía más profundamente en la situación, principalmente cuando por algún motivo el lector se siente identificado con el protagonista. Estoy seguro de que vosotros también os sentiréis identificados con alguno los sucesos narrados, ya sea en los previos, en los medios o incluso en las conclusiones finales, porque estas páginas nos demuestra que existen denominadores comunes que se repiten a menudo, aun cuando se trate de personas, cuerpos o lugares diferentes.

También cabe destacar cómo los autores han querido retransmitir los sucesos sin identificar a los cuerpos policiales a los que pertenecen los protagonistas. Ello invita al lector a no encasillar al protagonista, evitando, a la par, la típica picaresca en la que caen algunos profesionales que tienden a pensar que el cuerpo al que ellos pertenecen, incluso si ellos mismos se hubieran visto envueltos en tales circunstancias, hubiese actuado de mejor manera.

Si tuviera que recomendar el libro, lo haría con los ojos cerrados. Se trata de una obra que no puede faltar en la biblioteca de todo aquel que esté interesado en aspectos reales de la vida de un policía. Al mismo tiempo, nos puede ayudar a ser un poco más humildes, de cara a nuestras opiniones o las de aquellos “jefes” que desde un sillón analizan y sientan cátedra.

Arma incautada en Sevilla

Arma incautada a un delincuente en Sevilla

Pero sin duda, muestra una realidad evidente, la verdadera importancia de una buena formación que, como yo mismo pude comprobar en mis propias carnes con los hechos que me tocó vivir, evidencia el gran valor que tienen la autoprotección y el uso de los elementos pasivos de seguridad (chalecos balísticos, guantes, etc.), de los que deberían disponer en todos los cuerpos policiales.

Debo hacer mención a algo que he echado en falta, la inclusión de alguna imagen dentro de los capítulos. Esto habría creado un pequeño paréntesis entre tanta letra e información aportada por estos dos profesionales, a los que solo cabe felicitar por el éxito de ventas. Ya estoy esperando una segunda edición, seguramente ampliada.

Destacar la bondad de los autores, por dar voz a quienes de verdad estuvimos allí, personas que en muchos aspectos fueron olvidadas. Exprimidos para beneficio de otros que jamás tuvieron el detalle de condecorarles, cayendo en el gran error de no reconocerlos como auténticos valores en alza para todo profesional que se precie por intentar mejorar, basando su adiestramiento en realidades y no en ciencia ficción.

Esta es mi opinión sobre esta obra de Tecnos. Ahora me toca empezar con la lectura de otro gran libro que, a buen seguro, me será de utilidad y me servirá de aprendizaje personal: Manual de tiro táctico, policial y de defensa, de Francisco Javier Pecci. No quiero dejar pasar por alto la mención de una obra que cuando lo leí me encantó y que, por supuesto, también recomiendo: Principios del adiestramiento táctico, de Cecilio Andrade. Me resultó muy sencilla de leer y asimilar. Por circunstancias que no encartan ahora, en aquel momento me ayudó a comprender mejor ciertos conceptos, llegando a empatizar con según qué aspectos.

Por último, quiero dar las gracias a todos los que contribuyen a remar en la dirección idónea de cara a hacer más llevadero el día a día a los profesionales de la seguridad, sean del cuerpo que sean.

Texto: A. Y. P.

 

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